Lengua de víbora

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En el campo de les defensores de un lenguaje no-sexista hay amantes de los manuales.

Este tipo de recurso tiene su importancia normativa en la administración pública, por ejemplo, y aporta ideas para reducir el daño.

Aunque Les Justes planteamos otra cosa, vale la pena conocer algunas de las propuestas de estos manuales.

Uno de ellos, disponible en la dirección: http://www.nodo50.org/mujeresred/manual_lenguaje_admtvo_no_sexista.pdf

es el Manual de Lenguaje Administrativo No Sexista, coordinado por Antonia Medina Guerra. El trabajo fue realizado por la Asociación de Estudios Históricos Sobre la Mujer (Universidad de Málaga) en colaboración con el Área de la Mujer (Ayuntamiento de Málaga)
Tomaremos algunos ejemplos de ese extenso trabajo:

 El término hombre

En el capítulo dedicado a los Problemas lexicosemánticos el manual señala, entre otras cosas, que:    

El término hombre funciona unas veces como genérico (con el sentido de ‘perso- na’) y otras como específico (con el sentido de ‘varón’). Este doble uso, además de provocar frecuentes ambigüedades, oculta a la mujer, por lo que recomendamos:

Utilizar la palabra hombre solo cuando atañe al sexo masculino, en cuyo caso puede sustituirse también por el término varón.

Y más adelante:

La solución a los duales aparentes (gobernante-gobernanta) es difícil, porque con frecuencia el término femenino ya está ocupado con un sentido inferior que frena su utilización en los mismos contextos en los que se emplea el término masculino; esto es lo que ocurre, por ejemplo, con la construcción mujer pública, que designa a la prostituta, lo que dificulta su uso, cada vez más necesario, en el sentido de ‘mujer que se ocupa de los asuntos públicos’.

También sucede algo similar con determinados oficios y cargos (véanse asisten- te/asistenta y juez/jueza, «Los oficios, profesiones y cargos de responsabilidad», págs. 75-82).

A modo de ejemplo, podemos observar el sentido peyorativo de los términos verdulera y sargenta: el primero posee la acepción de ‘mujer descarada y ordinaria’, y el segundo la de ‘mujer hombruna’ o ‘esposa del sargento’.

Posiblemente, en la medida en que las mujeres ocupen altos cargos, señala este Manual, nos familiarizaremos con las designaciones femeninas (gobernanta, secretaria) para nombrar- las y estas acabarán por imponerse. Un ejemplo claro es el del sustantivo alcaldesa, que ha pasado de significar solo ‘mujer del alcalde’ a significar ‘mujer que desempeña el cargo de alcalde’.

 

El término “señorita”:

Relación de dependencia

“Son muchos los textos administrativos que presentan a la mujer desempeñando un papel secundario o subordinado, por ejemplo, cuando la designan en su relación de dependencia con respecto al varón (señorita, mujer de, esposa de o señora de).

Hasta hace relativamente poco tiempo se ha empleado con profusión la doble forma señorita/señora para referirse a la mujer soltera o casada respectivamente, lo que reflejaba el mayor prestigio social de esta última. Para el varón, sin embargo, se ha utilizado señor con independencia de su estado civil. Esto manifiesta que la cultura tradicional otorga una personalidad al hombre en sí mismo, mientras que la mujer la adquiere en relación con él (es decir, si está casada o no).

Para no incurrir en sexismo conviene presentar a las personas como son y no definirlas en términos de sus relaciones con otras personas, por lo que debemos emplear el término señora para todas las mujeres, solteras o casadas, jóvenes o maduras.”

Y un tercer ejemplo de este manual, con la intención de alentar la discusión sobre los problemas que plantea y sobre las propuestas que expone.

LAS DISIMETRÍAS EN EL DISCURSO

A veces, en el discurso administrativo se produce un tratamiento desigual para mujeres y hombres, dando lugar a los siguientes fenómenos:

a) salto semántico, b) disimetría en la denominación, c) disimetría en la aposición, d) tratamiento heterogéneo.

 Salto semántico

El salto semántico es un fenómeno lingüístico relacionado con la utilización del masculino genérico. De hecho, se incurre en salto semántico cuando se emplea un vocablo masculino utilizado, aparentemente, en sentido genérico; sin embargo, más adelante, en el mismo contexto, se repite el vocablo masculino usado en sentido específico, es decir, referido al varón exclusivamente. Este segundo empleo de- muestra que el primer enunciado era sexista, circunstancia que habría pasado inad- vertida de no haberse añadido la segunda parte de la frase.

RESUMEN:

“Para que el tratamiento discursivo dado a los sexos sea homogéneo hay que eludir cuestiones como el salto semántico o que la condi- ción sexuada de la mujer sustituya su identidad social o profesional.

Con el fin de evitar posibles confusiones, conviene recordar que cuando adoptemos una solución tenemos que ser sistemáticos a lo largo de todo el texto, pues de no serlo favorecemos la ambigüedad.”

Continuará.

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